Elegía a Mohamed Abdelaziz

Querido Presidente, te has ido el último día de mayo, el mes en el que conmemoramos la creación del Frente Polisario y los años de lucha del Pueblo Saharaui. Te has despedido en cuerpo, pero no en alma, justo cuando comenzamos los preparativos del 9 de junio, el Día Nacional de los Mártires. El destino nos ha dejado clara su señal.
Te has ido de la misma forma que viviste, con humildad y discreción, como solo los grandes hombres saben hacerlo, los líderes reconocidos, dejando un vacío en nuestros corazones que solo encontrará alivio en la lucha por la independencia, el único motivo de tu vida, lograr la libertad de todo tu pueblo.
Querido presidente, nuestro hermano y compañero, hoy me conmuevo ante el sacrificio que durante más de cuarenta años has hecho por tu pueblo. Solo luchando por nuestra Causa justa te reconozco, dando más de lo que se puede dar, porque tú no pensaste en otra cosa que no fueran los demás.
Querido amigo, hemos conocido tu fortaleza como ser humano, tu integridad y tu convencida firmeza, valores que no escondieron tu carácter humilde, alegre y afectuoso. Fuiste un político de gran talla, un combatiente heroico y un diplomático experimentado, que supo dirigir con maestría a su pueblo, sin escatimar un solo esfuerzo para lograr que nuestra Causa alcanzara su victoria. Incluso herido de guerra o soportando el sufrimiento de una enfermedad terminal, nunca te rendiste, nunca abandonaste, jamás pensaste en descansar de la lucha, siempre en el lugar que te correspondía, sin quejas ni dudas de tu responsabilidad.
Tu formación y bagaje no impidió que entre los jóvenes fueras el joven más entusiasta, y sentado con los ancianos, fueras el hijo educado y respetuoso. Tu sacrificio y el honor que has demostrado en esta travesía como presidente, te ha hecho merecedor de elogios y reconocimientos por todo el mundo. Has logrado abrir tantos caminos y tan sólidos, que ni muriendo mil veces podrían cerrarse.
Tu simpatía, reconocimiento y apoyo al movimiento solidario hacen que hoy tu pérdida se sienta en muchos rincones del mundo. Tus puertas siempre permanecieron abiertas para todos los que quisieron hablar contigo, porque tu cargo no fue impedimento para cumplir con tus responsabilidades hacia el huésped.
Tu legado es todo lo que fuiste y esa es nuestra herencia, querido amigo, estimado hermano.
Te escribo y te hablo con la convicción de que tu alma nos seguirá acompañando por el recto camino hacia la independencia y la libertad.
Mi admirado presidente, tu alma la llevaremos con orgullo para siempre, todos los saharauis.
Foto de Omar Slama

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