Los saharauis cuestionan el balance de Mohamed Salem Ould Salek y llaman a una refundación estratégica
Después de casi cuatro décadas en el centro del aparato diplomático saharaui, Mohamed Salem Ould Salek, actual consejero del presidente encargado de los asuntos exteriores y figura histórica del Frente Polisario, se encuentra en el centro de fuertes críticas relacionadas con la evolución de la política exterior saharaui.
Sus detractores consideran que la prolongada permanencia de Ould Salek en la dirección diplomática habría contribuido a una profunda inmovilidad del Ministerio de Asuntos Exteriores saharaui, al debilitamiento de la influencia internacional de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y a la incapacidad de adaptar la diplomacia a las transformaciones geopolíticas de las últimas décadas.
Según estas críticas, el ministerio que debía constituir uno de los principales instrumentos de defensa de la causa saharaui habría perdido progresivamente eficacia, visibilidad y capacidad de iniciativa. La diplomacia habría quedado reducida, según sus críticos, a una sucesión de encuentros oficiales, comunicados y participaciones simbólicas en foros internacionales, sin alcanzar resultados estratégicos significativos.
Una diplomacia acusada de permanecer inmóvil
Los críticos de la actual dirección del Ministerio de Asuntos Exteriores sostienen que el aparato diplomático saharaui no habría logrado modernizarse frente a las nuevas realidades internacionales: el auge de la diplomacia económica, la influencia de las redes digitales, el papel creciente de las sociedades civiles y la transformación de las alianzas regionales.
Señalan especialmente la supuesta ausencia de mecanismos modernos de planificación estratégica, análisis prospectivo y formación especializada destinados a renovar los cuadros diplomáticos. Para estas voces críticas, la diplomacia saharaui habría permanecido vinculada a métodos heredados de la Guerra Fría, mientras el escenario internacional experimentaba profundas transformaciones.
El principal reproche formulado es que la política exterior habría quedado más centrada en la memoria histórica y en los logros del pasado que en una estrategia activa capaz de defender los intereses saharauis en un contexto mundial cada vez más complejo.
El debate sobre los reconocimientos internacionales
Uno de los principales puntos de controversia se refiere a la evolución del número de países que reconocen a la RASD. Los críticos consideran que la disminución de apoyos durante las últimas décadas refleja una pérdida de influencia diplomática y una incapacidad para preservar alianzas internacionales.
Según estas opiniones, los cambios políticos registrados en África, América Latina y otras regiones habrían ido acompañados de un debilitamiento de la presencia saharaui, debido a la falta de una estrategia suficientemente activa para consolidar apoyos existentes y crear nuevos espacios de cooperación.
También cuestionan que la diplomacia saharaui no haya logrado diversificar suficientemente su enfoque, manteniendo una dependencia excesiva de las solidaridades ideológicas del siglo XX en lugar de desarrollar relaciones basadas en los intereses geopolíticos actuales.
Una estructura considerada insuficiente frente a los nuevos desafíos
Las críticas dirigidas contra Mohamed Salem Ould Salek no se limitan únicamente a los resultados internacionales, sino también a la organización interna del Ministerio.
Algunos responsables y activistas saharauis consideran que el aparato diplomático sufriría problemas relacionados con la falta de renovación, una coordinación insuficiente entre las representaciones exteriores y la ausencia de mecanismos claros de evaluación de resultados.
En un contexto marcado por la reanudación de las tensiones militares tras la ruptura del alto el fuego de 1991, los críticos sostienen que la diplomacia debía convertirse en un instrumento central para fortalecer la posición internacional saharaui. A su juicio, no habría adaptado suficientemente sus métodos a una realidad donde la batalla por la imagen, la influencia y las alianzas resulta tan determinante como cualquier confrontación sobre el terreno.
Llamamientos a una nueva generación diplomática
Ante este escenario, diversas voces reclaman una reforma profunda del Ministerio de Asuntos Exteriores saharaui: renovación de cuadros, profesionalización, creación de equipos especializados en estrategia internacional, fortalecimiento de la diplomacia pública y desarrollo de un nuevo discurso político.
Para quienes cuestionan la gestión actual, el debate no se limita a la figura de Mohamed Salem Ould Salek, sino que afecta a un sistema político acusado de privilegiar la continuidad de las figuras históricas frente a la necesidad de adaptación a los nuevos equilibrios internacionales.
Tras cuarenta años de presencia de una misma generación al frente de la diplomacia saharaui, el debate continúa abierto: entre quienes defienden la experiencia acumulada de los dirigentes históricos y quienes consideran que un cambio profundo resulta indispensable para evitar un mayor debilitamiento de la causa saharaui en el escenario internacional.
Fuente: ECSaharaui
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