Las elecciones legislativas celebradas el pasado miércoles en Marruecos han dejado una fotografía política clara: el Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM) ha sido la fuerza más votada, con 97 de los 395 escaños de la Cámara de Representantes. Le siguen la Agrupación Nacional de Independientes (RNI), con 66, e Istiqlal, con 65. Pero el dato que quizá mejor resume el estado de ánimo del país está fuera del reparto de escaños: la participación se quedó en el 38,08%, frente al 50,86% de 2021. (Maroc)
El resultado vuelve a colocar en primer plano al PAM, un partido fundado en 2008 por Fouad Ali El Himma, antiguo ministro y uno de los principales consejeros del rey Mohamed VI. Para el periodista marroquí Ali Lmrabet, entrevistado por Francisco Carrión en Orilla Sur, las elecciones permiten observar una parte del poder marroquí, pero no necesariamente la más decisiva.
«Para entender quién manda realmente en Marruecos hay que mirar mucho más allá de unas elecciones», plantea la conversación. El recorrido conduce, según Lmrabet, hasta Palacio, los consejeros reales, los servicios de inteligencia y los distintos aparatos de seguridad: el entramado conocido como Majzén.
Una supuesta pugna dentro del aparato de poder
Lmrabet sostiene que existe una pugna interna entre diferentes servicios de seguridad marroquíes. Señala concretamente a la DGED, responsable de la inteligencia exterior, y a la DGST, el servicio de inteligencia interior dirigido por Abdellatif Hammouchi.
«Nosotros sabemos que hay una guerra interna entre servicios secretos», afirma el periodista, que sitúa además a El Himma dentro de ese entramado de poder.
Se trata de una interpretación difícil de comprobar desde fuera. El propio carácter opaco de las estructuras de seguridad marroquíes hace que buena parte de las informaciones sobre sus posibles disputas internas procedan de filtraciones, publicaciones periodísticas o fuentes vinculadas a diferentes sectores del sistema. Lmrabet interpreta esas señales como indicios de una batalla dentro del aparato de poder.
Su lectura de las elecciones está estrechamente relacionada con esa idea. A su juicio, el creciente desapego de la población hacia la política convencional limita el alcance real de los comicios.
«Yo conocí campañas electorales un poco vivas», explica. «Es que los marroquíes ya saben que nada va a cambiar».
Los datos de participación ofrecen, al menos, un elemento objetivo que encaja con la imagen de desmovilización electoral: más de seis de cada diez electores no acudieron a votar. La participación fue la más baja de las últimas elecciones legislativas. (Maroc)
Ceuta, una pieza del rompecabezas
En la conversación, Lmrabet conecta esas supuestas tensiones internas con uno de los episodios más graves de las relaciones entre Marruecos y España durante este año: la entrada masiva de migrantes en Ceuta del 30 y 31 de julio.
La dimensión del episodio está documentada. Miles de personas cruzaron desde Marruecos hacia la ciudad autónoma y las autoridades españolas tuvieron que desplegar refuerzos policiales y militares. Posteriormente, un informe policial remitido a la Audiencia Nacional describió la entrada como planificada y señaló la implicación o permisividad de personas vinculadas a las fuerzas de seguridad marroquíes. (Reuters)
Es en la interpretación de quién estuvo detrás donde aparecen las principales incógnitas.
Lmrabet asegura haber leído en un medio español próximo a determinados sectores del Majzén una versión que apuntaría a un sector concreto del aparato marroquí como responsable de haber promovido lo ocurrido. Según su interpretación, esa versión señalaría a la Gendarmería y a las fuerzas auxiliares, al tiempo que dejaría fuera a la policía y a los servicios secretos.
Para el periodista, esa atribución podría formar parte de una lucha interna por determinar responsabilidades.
«Es una tentativa para decir: “Los culpables son esos”», sostiene.
El simbolismo del 30 de julio
Otro elemento que Lmrabet considera relevante es la fecha. El episodio comenzó el 30 de julio, día de la Fiesta del Trono, una de las principales celebraciones oficiales de Marruecos y aniversario de la llegada de Mohamed VI al trono.
El periodista considera difícil que una operación de semejante magnitud pudiera haberse organizado de forma convencional desde las estructuras del Estado precisamente durante una jornada de esas características.
Su hipótesis es distinta: pudo existir inicialmente un movimiento espontáneo o impulsado a través de las redes sociales hacia Ceuta y, posteriormente, algún sector del aparato de poder habría aprovechado la situación como mecanismo de presión sobre España.
«Hay unos hechos que no podemos no ver», afirma. Entre ellos menciona la difusión durante semanas de mensajes que animaban a los marroquíes a desplazarse hacia Ceuta y plantea una pregunta: «¿Quién controla las redes sociales?».
Lmrabet apunta hacia los servicios de inteligencia civiles, aunque esta atribución forma parte de su interpretación y no está demostrada en la transcripción.
La investigación española ha aportado elementos que apuntan, en efecto, a una preparación previa y a una actuación de las fuerzas marroquíes durante la crisis. El informe policial conocido en septiembre sostiene que hubo una entrada «planificada» y describe una actuación de los agentes marroquíes compatible con la monitorización o el control de los movimientos de la multitud. (RTVE.es)
Un Estado que no se descompone, pero puede debilitarse
La pregunta que se desprende de este escenario es si las tensiones entre los diferentes aparatos del poder pueden poner en peligro la estabilidad del Estado marroquí.
Lmrabet rechaza la idea de que Marruecos sea un Estado en descomposición. «Las dictaduras no son estados en descomposición ni estados fallidos», afirma. Pero inmediatamente introduce un matiz: «son países que pueden desfallecer en días o en semanas».
La afirmación adquiere especial relevancia en un momento marcado por el desapego electoral y por una generación joven que, según la conversación, muestra mayor interés por abandonar el país que por participar en una vida política que percibe como limitada.
Las cifras de las elecciones ofrecen un contexto significativo: el PAM ha conseguido 97 escaños y se convierte en la primera fuerza parlamentaria, mientras que la participación ha caído hasta el 38,08%. (Maroc)
El resultado, sin embargo, no altera el elemento central del sistema político marroquí que subraya Lmrabet: el papel de Palacio. Mohamed VI conserva amplias prerrogativas constitucionales y políticas, mientras que alrededor de la Corona se articula una red de consejeros, instituciones de seguridad y estructuras económicas y administrativas que excede el ámbito de la competición electoral.
El PAM, precisamente, constituye un ejemplo significativo de esa peculiar relación entre política partidista y poder real. Su fundador, Fouad Ali El Himma, es uno de los consejeros más próximos al monarca. (El País)
Una victoria electoral con muchas preguntas detrás
El resultado del 23 de septiembre dibuja, por tanto, una nueva correlación parlamentaria, pero también deja abiertas cuestiones que no se resuelven en las urnas.
El PAM ha ganado las elecciones. El RNI y el Istiqlal mantienen posiciones centrales. La abstención ha alcanzado niveles históricamente elevados. Y, paralelamente, persisten interrogantes sobre el funcionamiento interno de las estructuras de poder y sobre el papel que desempeñaron distintos cuerpos marroquíes durante la crisis de Ceuta.
Son precisamente esas zonas de sombra las que interesan a Ali Lmrabet. Su tesis es que para comprender el Marruecos actual no basta con contar diputados ni observar los cambios entre partidos. Hay que mirar hacia Palacio y hacia las estructuras de seguridad que rodean a la Corona.
Y ahí, sostiene el periodista, se estaría librando una batalla mucho menos visible que la que se representa cada cinco años en las urnas.
#Marruecos #Marruecos_España #Marruecos_Ceuta #Ali_Lmrabet #OrillaSur
Soyez le premier à commenter