Un amigo periodista me pidió mi punto de vista personal sobre lo que se prepara en el Consejo de Seguridad en relación con el Sáhara Occidental. Esto, en términos generales, es lo que le respondí, a la luz de diferentes fuentes abiertas, análisis y declaraciones que he podido leer en internet.
Para empezar, algunas referencias sobre el contexto político
Tres elementos me parecen determinantes de entrada:
Primo, cualquiera que sea el escenario que adopte el Consejo de Seguridad, bajo la influencia de algunos miembros permanentes favorables al enfoque marroquí, el principio de la autodeterminación del pueblo saharaui sigue siendo ineludible. Se deriva del estatuto del Sáhara Occidental como territorio no autónomo y de la doctrina de las Naciones Unidas en materia de descolonización.
Secundo, todo acuerdo político deberá ser expresa y libremente aceptado por el Frente Polisario, en su calidad de representante legítimo del pueblo saharaui. Todo hecho consumado o arreglo fuera del marco de la ONU quedará descartado.
En este contexto, la invitación táctica lanzada al «Movimiento Saharaui por la Paz», verdadero apéndice de los servicios marroquíes, para presionar al Polisario, seguirá siendo una maniobra periférica que no tiene ningún efecto sobre el fondo del asunto.
Tertio, la responsabilidad de Marruecos en el estancamiento del proceso político ya no puede eludirse. Este país multiplica las condiciones previas y busca imponer sus propios parámetros como marco ineludible de la negociación.
El Frente Polisario debe, por su parte, mantener su participación en el proceso político, pero sin aceptar que esta participación sea interpretada como la aceptación previa de su resultado. Debe, sobre todo, exigir que los parámetros internacionales del asunto se preserven explícitamente y que ninguna parte pueda, mediante condiciones unilaterales, transformar el proceso de negociación en un simple mecanismo de refrendo de un hecho consumado.
Estas cuestiones deberán resolverse a largo plazo y, mal que le pese a Marruecos, que busca acelerar el calendario para imponer su propia lectura, la administración Trump se enfrenta ella misma a las prioridades y limitaciones de su agenda interna.
Es evidente que Rabat quiere mantener la implicación estadounidense para transformar la MINURSO, en particular suprimiendo toda referencia al referéndum (la famosa R de MINURSO) y para recentrar su misión en el proceso político y su plan de autonomía.
Por cierto, el momento de la normalización completa con Israel no es fortuito. La elevación de la representación marroquí al rango de embajada, anunciada a mediados de septiembre, constituye también una señal dirigida a Washington. Rabat busca así alentar a la administración Trump a que ejerza todo su peso ante la proximidad del plazo del 31 de octubre.
Revisión de la MINURSO: ¿un giro el 31 de octubre?
A mi juicio, el 31 de octubre de 2026 constituye un plazo crucial para el expediente del Sáhara Occidental. El Consejo de Seguridad deberá no solo renovar el mandato de la MINURSO, sino, sobre todo, pronunciarse sobre su futuro, en el marco del enfoque político redefinido por la resolución 2797.
Esta había prorrogado el mandato hasta el 31 de octubre de 2026 y previsto una revisión estratégica de la misión antes de ese plazo.
Contrariamente a la interpretación maximalista y abusiva que de ella hizo Bourita ante la Asamblea General de la ONU el 22 de septiembre, la resolución 2797 no consagra en nada la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Hace de la propuesta de autonomía una base de negociación, manteniendo al mismo tiempo el objetivo de una solución política mutuamente aceptable que garantice la autodeterminación del pueblo saharaui. Transformar una base de negociación en solución impuesta equivale a vaciar el proceso de su sustancia. Una resolución puede fijar el marco de una negociación, pero no puede predeterminar su resultado.
El discurso de Bourita contiene, además, una contradicción flagrante: insinuar que el Polisario es una «milicia separatista» al tiempo que muestra una voluntad de negociar con él. No se puede a la vez designar a un interlocutor y buscar deslegitimarlo. Se trata de un caso de escuela de esquizofrenia diplomática.
El Consejo de Seguridad está hoy globalmente adquirido a la posición marroquí, pues estimo que entre once y doce de sus miembros apoyan, poco o mucho, el plan de autonomía.
China y Rusia siguen siendo las principales voces discordantes por razones propias. Ambas, junto con Pakistán, se abstuvieron en la votación de la resolución 2797 en octubre de 2025. En relación directa con la cuestión de Cachemira, Islamabad considera que el estatuto definitivo de un territorio disputado debe determinarse mediante el ejercicio del derecho a la autodeterminación de su población.
Según mi lectura, Pekín y Moscú siguen apegados al marco de la ONU y al principio de un acuerdo entre las partes. Sin embargo, su posición se inscribe también en sus propias agendas como grandes potencias y en la defensa de intereses geopolíticos vinculados a sus diferentes periferias. Por ello, están atentos al precedente que podría crear una evolución del expediente del Sáhara Occidental impuesta al margen de un verdadero compromiso entre las partes.
A ello se añade una preocupación por el método de negociación a la brava de las resoluciones. Moscú, en particular, considera que sus posiciones y enmiendas no son suficientemente tenidas en cuenta por el «penholder». La crítica se refiere, pues, tanto al proceso de elaboración de los textos como a su contenido.
Sin embargo, esta reflexión debe también reubicarse en el nuevo enfoque estadounidense de las operaciones de mantenimiento de la paz. La administración Trump reclama misiones con «mandatos claros», acompañados de resultados medibles, en lugar de renovaciones indefinidas. Estima que las misiones deben permanecer centradas en las funciones de seguridad al servicio de un plan político y que aquellas que no se adaptan deben poder terminar, como la FINUL en Líbano.
Es en este contexto donde se plantea la cuestión central: ¿qué hacer con la MINURSO?
Creada en 1991 para organizar un referéndum que nunca tuvo lugar, la misión se ha recentrado progresivamente en la observación militar, la vigilancia de las tensiones, el desminado y el acompañamiento del proceso político. Su mandato original ya no corresponde a su función real sobre el terreno.
Se perfilan varios escenarios:
1. Una renovación de un año con un mandato reducido.
La MINURSO se mantendría en un formato reducido, centrado en la vigilancia militar del alto el fuego y aligerado de sus funciones civiles. El componente político pasaría más bien bajo pilotaje estadounidense, con una diplomacia directa entre las partes.
2. Una prórroga de seis meses.
Esta ventana permitiría a Washington disponer de algunos meses suplementarios para intentar arrancar un acuerdo político.
3. Una renovación más alineada con la posición marroquí.
Este escenario correría el riesgo de provocar las reacciones más vivas de Moscú y Pekín.
4. Una transformación profunda del mandato militar.
La MINURSO evolucionaría hacia una misión esencialmente de seguridad, prolongando la lógica de reducción de sus funciones y medios ya iniciada.
5. La desaparición de la misión.
Este escenario parece difícil de contemplar a corto plazo. Su retirada crearía un vacío de seguridad y privaría a la región del único dispositivo internacional presente a ambos lados del muro de arena, cuando las hostilidades se han reanudado desde 2020.
También es concebible un escenario transitorio.
La misión acompañaría las negociaciones durante un período definido, antes de que su mandato sea ajustado, o incluso suprimido en caso de acuerdo político. Su desaparición sería entonces la consecuencia de un arreglo más que una decisión tomada aisladamente.
Por lo tanto, lo que está en juego el 31 de octubre no es tanto saber si la MINURSO sobrevivirá, sino más bien qué forma de MINURSO desea preservar el Consejo.
El Consejo deberá determinar si la MINURSO sigue siendo un instrumento esencialmente militar de estabilización, o si entra en una fase transitoria vinculada a la búsqueda de un arreglo político, negociado de buena fe, sin condiciones previas y al abrigo de toda lógica transaccional.
Amar Belani
Fuente : Facebook
#Amar_Belani #Sáhara_Occidental #Marruecos #MINURSO #SáharaOccidental_plazo_de_octubre #EstadosUnidos_SáharaOccidental #Marruecos_MINURSO
Soyez le premier à commenter