Miles de inversores se enfrentarían a importantes pérdidas en los campamentos de refugiados del Sahara Occidental tras el colapso de Infravest, una estructura de inversión establecida en Rabuni. En un extenso texto dedicado al caso, el bloguero saharaui Buda Mustafa describe un sistema que compara con una pirámide de Ponzi y cuestiona la gestión de la empresa, así como la desaparición de su director, Salamo Abaali. Las cifras mencionadas son, por el momento, las comunicadas por el autor y deben ser verificadas mediante documentos independientes.
El caso de Infravest adquiere una nueva dimensión en los campamentos saharauis de Tinduf. En un artículo publicado en las redes sociales, el bloguero saharaui Buda Mustafa analiza ampliamente lo que presenta como una de las operaciones financieras más importantes que han afectado a la comunidad saharaui.
Según Buda Mustafa, las importantes sumas de dinero anunciadas por Infravest entre 2022 y 2026 no habrían correspondido a un crecimiento económico real, sino que habrían contribuido a mantener un sistema financiero basado esencialmente en la llegada de nuevos inversores.
Un mecanismo comparado con una pirámide de Ponzi
En su análisis, Buda Mustafa afirma que el funcionamiento de Infravest presentaría las características de un sistema Ponzi: los rendimientos prometidos a los primeros inversores se habrían financiado con el capital aportado por nuevos participantes, en lugar de proceder de beneficios generados por actividades económicas suficientemente documentadas.
El bloguero también destaca el papel desempeñado por la comunicación en torno a la empresa.
Según su relato, la reputación de Infravest se habría reforzado mediante la promoción de las relaciones internacionales de su director, Salamo Abaali El Ber, así como a través de la participación de periodistas, activistas y personalidades conocidas en los campamentos para proyectar la imagen de una empresa próspera.
Buda Mustafa afirma además que la implicación de Infravest en distintas iniciativas benéficas y humanitarias habría contribuido a reforzar la confianza del público y a disipar las sospechas sobre la solidez financiera de la empresa.
No obstante, estas afirmaciones constituyen el punto de vista del autor y, por sí solas, no permiten establecer jurídicamente la existencia de un fraude.
Las considerables cantidades mencionadas
La cifra más espectacular mencionada por Buda Mustafa se refiere a las sumas que Infravest habría recaudado.
Según los datos que presenta, la empresa habría reunido 648.580 millones de dinares argelinos, a los que se añadirían 532 millones de ouguiyas, mediante 3.420 contratos de inversión suscritos con 2.841 inversores.
El bloguero calcula así una media de aproximadamente 228,29 millones de dinares argelinos por inversor.
Si estas cantidades fueran confirmadas por los contratos, los extractos bancarios y los documentos contables de la empresa, el caso adquiriría una dimensión financiera excepcional.
Sin embargo, el origen exacto de estas cifras, su método de cálculo y su correspondencia con los fondos efectivamente en poder de Infravest aún deben establecerse de forma independiente.
El problema de los vencimientos
Para Buda Mustafa, el mecanismo habría comenzado a resquebrajarse cuando varios cientos de contratos llegaron simultáneamente a su vencimiento.
Menciona 780 contratos, es decir, más del 22 % del total de contratos, que habrían requerido importantes reembolsos a sus beneficiarios.
Según su relato, fue precisamente en ese momento cuando las dificultades de liquidez se hicieron visibles.
Los inversores habrían comenzado a reclamar la devolución de su capital y de los beneficios anunciados. Pero, siempre según Buda Mustafa, la empresa ya no habría dispuesto de la liquidez necesaria para atender las solicitudes dentro de los plazos previstos.
El bloguero considera que esta situación correspondería al momento clásico en el que una estructura de tipo Ponzi deja de funcionar cuando disminuye la entrada de nuevo capital.
La desaparición de Salamo Abaali
El otro elemento central del relato se refiere a Salamo Abaali, presentado como responsable de las actividades de Infravest.
Buda Mustafa afirma que este habría desaparecido mientras los inversores reclamaban sus fondos. La desaparición habría alimentado la preocupación y la indignación entre las personas afectadas.
En su texto, el bloguero describe a familias que habrían invertido una parte importante de sus ahorros en los contratos ofrecidos por Infravest, con la esperanza de obtener ingresos que les permitieran mejorar su situación económica.
La crisis habría superado así la dimensión estrictamente financiera para convertirse, según él, en un importante problema social en los campamentos.
Familias enfrentadas a la incertidumbre
Una de las principales consecuencias descritas por Buda Mustafa es la incertidumbre en la que se encontrarían ahora los inversores.
Para muchas familias, el dinero depositado en Infravest representaba ahorros acumulados durante varios años. Las promesas de elevados rendimientos habrían convencido a algunos inversores de aumentar progresivamente su exposición al sistema.
La interrupción de los reembolsos habría transformado entonces lo que se presentaba como una oportunidad de inversión en una fuente de pérdidas potencialmente considerables.
Buda Mustafa insiste especialmente en el papel de la confianza social en este caso. En un entorno donde las redes personales, la reputación y la solidaridad comunitaria ocupan un lugar importante, la credibilidad adquirida por una empresa puede desempeñar un papel determinante en la decisión de invertir.
Un caso que plantea interrogantes sobre el control
Más allá de las responsabilidades individuales, el caso Infravest también plantea la cuestión de los mecanismos de control de las actividades financieras en los campamentos.
Si se confirman las cantidades mencionadas por Buda Mustafa, deberán aclararse varias cuestiones: ¿cuál era exactamente la naturaleza jurídica de Infravest? ¿Dónde se custodiaban los fondos? ¿Qué actividades económicas generaban los rendimientos prometidos? ¿Qué contratos vinculaban a la empresa con los inversores? ¿Y qué autoridades o estructuras supervisaban sus operaciones?
Estas preguntas son esenciales para distinguir entre una empresa que atravesó una crisis de liquidez y un sistema organizado en torno a un mecanismo fraudulento.
El relato de una confianza quebrada
En su texto, Buda Mustafa considera finalmente que el caso Infravest constituye una advertencia para los inversores saharauis.
Según él, la visibilidad mediática, las operaciones benéficas y las redes de influencia no pueden sustituir a unas cuentas transparentes, garantías financieras y un control independiente.
El bloguero llega a comparar explícitamente a Salamo Abaali con Charles Ponzi, al considerar que los inversores habrían sido atraídos por la perspectiva de un enriquecimiento rápido antes de que el sistema se derrumbara.
Esta comparación forma parte del análisis de Buda Mustafa y no constituye, por sí misma, una calificación judicial.
El caso sigue rodeado de numerosas preguntas a las que solo documentos financieros verificables, testimonios de inversores, contratos y, en su caso, una investigación oficial podrían aportar respuestas definitivas.
Para las familias que afirman haber confiado sus ahorros a Infravest, una pregunta domina ahora todas las demás: ¿dónde están los fondos invertidos y qué parte podrá recuperarse realmente?
Es precisamente esta cuestión, más que las promesas iniciales de rentabilidad, la que sitúa hoy el caso Infravest en el centro de la atención en los campamentos saharauis.
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