Sánchez, contra las cuerdas: el CNI alertó de la avalancha en Ceuta

Avalancha migratoria en Ceuta
La cuestión que ahora deberá responder Madrid —y, en buena medida, también Marruecos— es sencilla de formular, pero mucho más difícil de contestar: Si todos sabían que algo iba a ocurrir, ¿por qué nadie consiguió impedirlo?

Documentos desclasificados por el Gobierno español revelan que los servicios de inteligencia ya habían detectado, el 29 de julio, llamamientos a una entrada masiva en Ceuta y habían informado a las autoridades marroquíes. Veinticuatro horas después, decenas de miles de personas se concentraron ante la frontera. La revelación abre nuevas incógnitas sobre la gestión de la crisis y el papel de Rabat.

Madrid — La crisis migratoria que sacudió Ceuta el pasado 30 de julio podría no haber sorprendido completamente a las autoridades españolas.

Así lo sugieren los documentos desclasificados por el Gobierno español y analizados por Reuters, que revelan que el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) había alertado el 29 de julio, un día antes de la llegada masiva de migrantes, sobre los preparativos de un intento de entrada a gran escala en la ciudad autónoma.

La información había sido comunicada tanto a las autoridades españolas como a los servicios de inteligencia marroquíes, incluida la Dirección General de Vigilancia del Territorio (DGST) y la Dirección General de Estudios y Documentación (DGED).

La revelación resulta políticamente incómoda para Madrid: la amenaza estaba identificada, los llamamientos circulaban por las redes sociales y los servicios españoles habían transmitido la alerta a Rabat antes de que estallara la crisis.

Una operación anunciada en las redes sociales

Según una nota del CNI fechada el 29 de julio, varios llamamientos difundidos a través de las redes sociales invitaban a los migrantes a intentar entrar masivamente en Ceuta.

Los planes contemplaban dos posibilidades: superar las barreras fronterizas terrestres o intentar alcanzar la ciudad autónoma por mar.

La movilización no era marginal. Dos grupos identificados por los servicios españoles reunían aproximadamente 180.000 seguidores.

Los mensajes señalaban además el 30 de julio, fecha de la celebración de la Fiesta del Trono en Marruecos, como posible momento para intentar la entrada masiva.

El CNI trasladó la información a sus homólogos marroquíes y al representante del Gobierno español en Ceuta.

Es decir, Madrid y Rabat tenían conocimiento previo de que se estaba preparando una movilización migratoria excepcional.

El 30 de julio: la frontera desbordada

Al día siguiente, la advertencia se convirtió en realidad.

Según la información citada por Reuters, más de 70.000 personas llegaron a Ceuta o intentaron acceder a la ciudad autónoma durante la crisis.

En las horas previas, cientos de migrantes ya habían conseguido alcanzar Ceuta a nado desde la costa marroquí.

Los documentos desclasificados muestran además que el fenómeno no había comenzado el 30 de julio.

Desde el 25 de julio, las autoridades españolas habían registrado alrededor de 1.700 llegadas por vía marítima, mientras que un informe del Ministerio de Defensa describía la situación en el litoral cercano a Ceuta como un escenario de creciente descontrol migratorio.

La crisis, por tanto, se había estado gestando durante varios días.

La pregunta que incomoda a Moncloa

La publicación de estos documentos plantea una cuestión inevitable: ¿qué sabía exactamente el Gobierno de Pedro Sánchez y cuándo lo supo?

El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha tratado de establecer una diferencia entre conocer la existencia de una amenaza y conocer la dimensión que finalmente alcanzaría.

Según Reuters, Albares afirmó que no había recibido información que le permitiera conocer la magnitud de la avalancha que se produjo posteriormente.

La distinción es relevante.

Una alerta de inteligencia sobre una posible entrada masiva no equivale necesariamente a saber que decenas de miles de personas iban a concentrarse en la frontera.

Pero el problema político permanece:

si los servicios de inteligencia habían detectado los llamamientos, identificado los grupos implicados y advertido a las autoridades marroquíes, ¿por qué no se consiguió impedir que la situación terminara desbordando la frontera?

Rabat estaba avisado

Este es probablemente el aspecto más delicado de toda la documentación.

El CNI informó a los servicios marroquíes de los preparativos detectados en las redes sociales.

La información llegó, por tanto, a las estructuras de seguridad de Marruecos antes del episodio del 30 de julio.

Los documentos no demuestran que las autoridades marroquíes organizaran la llegada masiva de migrantes.

Pero sí demuestran que Rabat había sido advertido.

Y esa diferencia resulta fundamental.

Convertir la alerta en una prueba de una operación organizada sería ir más allá de lo que permiten establecer los documentos.

Sin embargo, saber que existía una amenaza y no haber podido contenerla plantea interrogantes sobre la actuación de los servicios de seguridad marroquíes durante las horas críticas.

¿Pasividad, incapacidad o estrategia?

Una nota del CNI fechada el 30 de julio señala que no se observó una respuesta especialmente proactiva por parte de las autoridades marroquíes para recuperar el control de la situación, más allá del despliegue de determinadas unidades antidisturbios.

Al mismo tiempo, un informe del Ministerio del Interior español citado por Reuters indica que aproximadamente 1.000 policías y militares marroquíes adicionales habían sido movilizados para reforzar la frontera.

Aquí aparece una de las principales incógnitas de la crisis.

Si Marruecos había sido alertado y había reforzado el dispositivo fronterizo, ¿cómo fue posible que decenas de miles de personas alcanzaran la frontera y que la situación se prolongara durante horas?

Hay varias explicaciones posibles: un fallo de coordinación, una incapacidad operativa ante una movilización excepcional, una respuesta deliberadamente limitada o una combinación de varios factores.

Por el momento, los documentos no permiten establecer de manera concluyente cuál de ellas es correcta.

Sánchez descarta una operación marroquí

El Gobierno español ha rechazado la hipótesis de que Marruecos organizara deliberadamente la crisis.

Pedro Sánchez ha señalado que no existen pruebas que permitan afirmar que las autoridades marroquíes orquestaron la avalancha migratoria.

Esta posición contrasta con determinados informes policiales españoles que han cuestionado la actuación de las fuerzas marroquíes durante el episodio y han descrito comportamientos que podrían haber facilitado el desplazamiento de los migrantes.

Pero una eventual negligencia o pasividad no constituye, por sí sola, una prueba de una operación planificada desde Rabat.

La prudencia resulta imprescindible: una cosa es documentar una respuesta insuficiente y otra muy distinta demostrar una decisión política de abrir deliberadamente la frontera.

Ceuta, mucho más que una crisis migratoria

La verdadera dimensión de esta crisis va más allá de la cuestión migratoria.

Ceuta constituye uno de los puntos más sensibles de la relación entre España y Marruecos.

La ciudad autónoma se encuentra en el centro de una disputa política en la que convergen migración, seguridad, soberanía, inteligencia y relaciones bilaterales.

Marruecos continúa considerando Ceuta y Melilla territorios pendientes de descolonización y ha reiterado en distintas ocasiones sus reivindicaciones sobre ambas ciudades.

España, por su parte, considera inequívocamente a Ceuta y Melilla parte de su territorio.

En este contexto, cualquier crisis fronteriza adquiere una dimensión estratégica.

Y el episodio del 30 de julio ha vuelto a demostrar hasta qué punto la frontera puede convertirse en un instrumento de presión política, aunque no exista evidencia concluyente de que haya sido utilizada deliberadamente como tal.

Diez horas que todavía necesitan explicación

Uno de los elementos más llamativos de la crisis fue la duración del periodo durante el cual la situación permaneció fuera de control.

El propio Sánchez ha reconocido que las fuerzas marroquíes permitieron que los movimientos hacia la frontera continuaran durante aproximadamente diez horas.

La cuestión central es determinar por qué.

¿Se trató de un colapso temporal del dispositivo de seguridad?

¿De una incapacidad para contener a una multitud de dimensiones excepcionales?

¿De una decisión táctica de evitar una intervención más contundente?

¿O existió algún otro factor que todavía no ha salido a la luz?

Los documentos desclasificados no ofrecen una respuesta definitiva.

Pero sí permiten afirmar que la crisis no comenzó de forma inesperada la mañana del 30 de julio.

El verdadero escándalo: la alerta existía

La publicación de los documentos cambia el enfoque del debate.

Hasta ahora, la discusión se había centrado principalmente en quién debía asumir la responsabilidad por la avalancha migratoria.

Ahora aparece una pregunta previa:

¿Por qué una crisis que había sido detectada y comunicada con antelación terminó alcanzando semejante magnitud?

El CNI había identificado los llamamientos.

Había localizado grupos con decenas de miles de seguidores.

Había advertido de la posibilidad de una entrada masiva.

Había informado a las autoridades españolas.

Y había trasladado la información a los servicios marroquíes.

A pesar de todo ello, el 30 de julio Ceuta se vio enfrentada a una movilización sin precedentes.

Una crisis que deja demasiadas preguntas abiertas

Según los datos citados por Reuters, más de 10.000 migrantes, incluidos menores no acompañados, permanecían todavía en Ceuta semanas después de la crisis.

Organizaciones humanitarias estiman además que alrededor de 140 personas perdieron la vida durante los acontecimientos.

El Gobierno español ha desclasificado 40 informes, alertas y comunicaciones correspondientes al periodo comprendido entre el 1 y el 31 de julio, en un intento de arrojar luz sobre lo ocurrido.

Pero la publicación de esos documentos puede terminar provocando el efecto contrario al esperado: en lugar de cerrar el caso, abre nuevas preguntas.

Porque los documentos no demuestran que Marruecos organizara el asalto.

Tampoco demuestran que el Gobierno de Sánchez conociera de antemano que más de 70.000 personas iban a movilizarse.

Pero sí revelan algo políticamente mucho más difícil de ignorar:

la amenaza había sido detectada, la alerta había sido transmitida y Rabat había sido informado.

Y, aun así, Ceuta quedó desbordada.

La cuestión que ahora deberá responder Madrid —y, en buena medida, también Rabat— es sencilla de formular, pero mucho más difícil de contestar:

Si todos sabían que algo iba a ocurrir, ¿por qué nadie consiguió impedirlo?

Fuente: Reuters, 9 de septiembre de 2026, a partir de documentos desclasificados por el Gobierno español.

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