Hace 26 años, Ali Lmrabet cruzó el Estrecho en una zodiac desde Tánger Med hasta Tarifa, y asegura que solo existen « intermediarios » y « chivatos », nada de mafias

La entrevista se adentra en el oscuro mundo de los servicios secretos. Lmrabet, que asegura que la policía política marroquí está infiltrada en la prensa y la oposición dentro y fuera del país, revela una red de influencia y espionaje en Europa que va más allá de lo conocido. Confirma las relaciones entre el CNI español y los servicios marroquíes, apuntando a que algunos ex responsables marroquíes han sido ayudados por España a cambio de información sensible: "Trueque o llámalo como quieras".

Acaba de ser liberado tras pasar tres días detenido en condiciones que él mismo califica de « secuestro ilegal », pero Ali Lmrabet no tiene miedo. Con la mano izquierda aún hinchada por los grilletes que le pusieron durante un traslado forzoso de 350 kilómetros entre Tánger y Casablanca, este pionero de la prensa libre en Marruecos analiza la crisis que ha sacudido Ceuta y las entrañas del poder en el país vecino.

Su detención, ocurrida el pasado 12 de julio a su llegada al aeropuerto de Tánger, fue un capítulo más de su tensa relación con el régimen alauí. Acusado de difundir « contenidos digitales difamatorios », Lmrabet fue trasladado esposado y encadenado a Casablanca. « Habían recibido órdenes. Y de muy arriba », asegura el periodista, que fue liberado el miércoles 15 de julio, aunque la investigación sigue abierta.

Sobre la entrada masiva de 72.000 ciudadanos marroquíes en Ceuta, Lmrabet es tajante: « Decir que las mafias están tras lo ocurrido es un cuento repetitivo del Gobierno español y una aberración total ». Conoce el terreno. Hace 26 años, él mismo cruzó el Estrecho en una zodiac desde Tánger Med hasta Tarifa, y asegura que solo existen « intermediarios » y « chivatos », no las grandes organizaciones que describe el Gobierno.

Para el periodista, el régimen de Rabat no necesitó organizar el caos, solo no detenerlo. « No sé si lo de Ceuta ha sido un ensayo, pero sí un éxito total: una ciudad de tinte europeo, tomada en pocas horas por una masa casi equivalente a su población y sin un solo disparo. Es algo de lo que se enorgullecería cualquier estratega militar ».

Lmrabet apunta a dos razones principales que han actuado como pólvora. La primera, el anuncio de la regularización de más de un millón de inmigrantes: « Fue, sin duda alguna, el detonante de esta crisis. Desde hacía meses, las redes sociales marroquíes ardían de preguntas sobre ese proceso ». La segunda, la futura ley de nacionalidad para los saharauis: « Nacionalizar a todos los saharauis significa para Marruecos la creación de una masa electoral compacta, militante y pro Polisario que podría hacer y deshacer decisiones políticas y diplomáticas de gran relevancia en España ».

La entrevista se adentra en el oscuro mundo de los servicios secretos. Lmrabet, que asegura que la policía política marroquí está infiltrada en la prensa y la oposición dentro y fuera del país, revela una red de influencia y espionaje en Europa que va más allá de lo conocido. Confirma las relaciones entre el CNI español y los servicios marroquíes, apuntando a que algunos ex responsables marroquíes han sido ayudados por España a cambio de información sensible: « Trueque o llámalo como quieras ». En este contexto, menciona el llamado ‘Moroccogate’, asegurando que la influencia de Marruecos en el escándalo de corrupción del Parlamento Europeo superaba a la de Catar. « En Europa hay mucho rencor hacia el servicio secreto marroquí, al que acusan de intromisiones graves y repetitivas en la vida política del viejo continente », afirma Lmrabet, recordando el reciente arresto en Países Bajos de un analista de inteligencia de origen marroquí que huía con discos duros repletos de secretos.

Pese a las amenazas y su reciente « secuestro », Lmrabet se reafirma en su compromiso con la libertad de prensa. « Solo hago periodismo, no me dedico a la política. Molesta a mucha gente, pero es mi profesión ». Mientras Marruecos sigue sin ofrecer un futuro a sus jóvenes (el 64% de los menores de 35 años quiere emigrar), Ali Lmrabet planea su próximo movimiento. « Soy de allí, de Marruecos. Nadie puede prohibirme regresar a mi patria primera », sentencia, dejando claro que su voz, aunque incómoda para el poder, no será silenciada.

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