Marcha Verde en el Sáhara Occidental y Ceuta: la misma lógica de presión por el número (prensa francesa)

La Marcha Verde constituye uno de los éxitos políticos más destacables de Hasán II. Sin disparar un solo tiro, el soberano impuso su voluntad únicamente mediante la fuerza del número frente a una España debilitada y a un Occidente reacio a la escalada militar.

La cantidad se convierte en una fuerza. El Marruecos de 1975, al igual que los movimientos migratorios recientes, lo ha demostrado.

La Historia es un eterno volver a empezar. En efecto, las imágenes de los cerca de 50.000 migrantes que llegaron a Ceuta en los últimos días, cuyo volumen desbordó rápidamente la capacidad de control de las autoridades españolas, recuerdan que el número puede convertirse en una auténtica arma geopolítica.

Esta demostración no carece de precedentes. Marruecos ya la había puesto en práctica frente a España en noviembre de 1975 con la famosa Marcha Verde, una operación de la que salió victorioso frente a una potencia occidental sin tener que disparar un solo solo proyectil.

El conflicto del Sáhara Occidental

Cuando el rey Hasán II anunció la Marcha Verde, la reivindicación marroquí sobre el Sáhara Occidental no era nueva. Antigua colonia española, este vasto territorio desértico era considerado por Rabat como parte histórica e inalienable del reino. El soberano se apoyó en los lazos de lealtad que existieron entre ciertas tribus saharauis y los antiguos sultanes de Marruecos para defender su postura en la escena internacional.

El 16 de octubre de 1975, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya reconoció «lazos jurídicos de lealtad entre el sultán de Marruecos y algunas tribus que viven en el territorio del Sáhara Occidental». Sin embargo, el fallo matizaba que «los elementos e información puestos a su disposición no establecen la existencia de ningún vínculo de soberanía territorial entre el territorio del Sáhara Occidental, por un lado, y el reino de Marruecos o el conjunto mauritano, por el otro». El tribunal recordó así que el derecho a la autodeterminación de las poblaciones saharauis seguía siendo aplicable.

Sin embargo, Hasán II optó por interpretar este dictamen como una validación de sus pretensiones. Esa misma noche, en un discurso radiotelevisado, el Comendador de los Creyentes anunció la organización de una inmensa marcha popular destinada a cruzar la frontera del Sáhara español.

Una demostración de fuerza sin precedentes

El 6 de noviembre de 1975, cerca de 350.000 voluntarios marroquíes convergieron con la ayuda de 8.000 camiones hacia el Sáhara Occidental, mientras que unos 20.000 militares garantizaban la logística y la seguridad de la operación. Los comentaristas franceses de la época llegaron a hablar, ante la magnitud de la organización, de un «segundo desembarco», haciendo referencia directa al de Normandía.

Los participantes recibieron la consigna estricta de no llevar ningún tipo de arma. Avanzaron ondeando banderas marroquíes, ejemplares del Corán y retratos de Hasán II, en una puesta en escena minuciosamente calculada por el palacio real. La apuesta del monarca era simple: colocar a Madrid ante una disyuntiva imposible, la de dejar pasar a la multitud o abrir fuego contra cientos de miles de civiles oficialmente desarmados.

«El dilema de Madrid: dejar pasar a la multitud o abrir fuego contra cientos de miles de civiles desarmados.»

El calendario político también jugó a favor del monarca marroquí. En España, el general Francisco Franco se encontraba agonizando y el régimen preparaba una transición política extremadamente delicada. El 9 de noviembre, tras haber penetrado unos pocos kilómetros en el territorio, Hasán II ordenó el repliegue de los manifestantes. El objetivo estaba cumplido y el impacto simbólico era inmenso. El 14 de noviembre se firmaron los Acuerdos de Madrid entre España, Marruecos y Mauritania, mediante los cuales España aceptó poner fin a su presencia colonial y transferir la administración del territorio.

La victoria por la vía del número

La Marcha Verde constituye uno de los éxitos políticos más destacables de Hasán II. Sin disparar un solo tiro, el soberano impuso su voluntad únicamente mediante la fuerza del número frente a una España debilitada y a un Occidente reacio a la escalada militar.

Los acontecimientos recientes en Ceuta recuerdan de nuevo que una afluencia humana masiva puede situar a las autoridades españolas en una situación de fuerte tensión política y de seguridad. España se encuentra hoy fragilizada por varias crisis simultáneas, entre las que destacan devastadores incendios e intensas polémicas en torno a la política migratoria del Gobierno.

En ambos casos, queda demostrado cómo el peso del número altera la relación de fuerzas y desencadena, en última instancia, una transformación profunda en las naciones afectadas.

Una reacción considerada demasiado tibia de Madrid frente a la presión marroquí

La crisis migratoria que sacude el enclave español de Ceuta sigue alimentando el debate en España. Tras la llegada de decenas de miles de migrantes procedentes de Marruecos en apenas unos días, parte de la prensa y de la oposición considera que la respuesta de las autoridades españolas ha estado por debajo de la gravedad de la situación.

Aunque el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, denunció un atentado contra la integridad territorial de España y reforzó los medios desplegados en Ceuta, las reacciones del rey Felipe VI y del Ejecutivo han sido calificadas de prudentes por sus críticos. En un discurso ampliamente comentado, el monarca hizo un llamamiento a la unidad nacional y al respaldo de las instituciones, pero evitó señalar directamente a Rabat, pese a las acusaciones de que las autoridades marroquíes permitieron el paso masivo de migrantes.

Esta cautela es interpretada por algunos analistas como un intento de preservar la relación estratégica con Marruecos, socio clave de España en materia de cooperación migratoria, lucha contra el terrorismo e intercambios económicos. Otros, por el contrario, sostienen que Madrid debería haber adoptado una postura mucho más firme frente a lo que consideran un uso de la presión migratoria con fines políticos.

En este contexto, la gestión de la crisis de Ceuta continúa dividiendo a la clase política española entre quienes apuestan por mantener la vía diplomática con Rabat y quienes reclaman una respuesta política y de seguridad mucho más contundente.

Source : Boulevard Voltaire

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