Sahara Occidental : Debate inédito entre Bachir y Uld Salek sobre las negociaciones con Marruecos

El intercambio entre Uld Salek y Bachir pone de manifiesto una discusión de fondo dentro de la dirección saharaui: cómo comunicar públicamente la disposición del equipo negociador a discutir propuestas —incluida la autonomía bajo soberanía marroquí, defendida por Marruecos y respaldada en los últimos años por varios socios internacionales, entre ellos Estados Unidos, Francia y España— sin que ello sea interpretado, dentro o fuera del movimiento, como un cambio en la posición histórica del Frente Polisario a favor de la independencia y el referéndum de autodeterminación en el Sáhara Occidental.

Un intercambio de artículos entre Mohamed Salem Ould Salek y Bachir Mustafa Sayed pone de relieve las tensiones internas en el Frente Polisario sobre cómo interpretar el actual proceso de negociación con Marruecos sobre el futuro del Sahara Occidental

En los últimos días se ha desarrollado un debate público, a través de artículos de opinión sucesivos, entre dos de los dirigentes más destacados del Frente Polisario: Mohamed Salem Ould Salek, consejero del presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) para Asuntos Diplomáticos, y Bachir Mustafa Sayed, miembro de la Secretaría Nacional del Frente Polisario y presidente del Consejo Nacional Saharaui. El intercambio —compuesto por un primer artículo de Ould Salek, una réplica de Bachir Mustafa Sayed y una segunda entrega de Ould Salek en respuesta— refleja el debate interno sobre cómo situarse frente a las presiones internacionales en torno al Sáhara Occidental y, en particular, frente a la posibilidad de discutir una propuesta de autonomía bajo soberanía marroquí.

El primer artículo: « La opción de la resistencia y la resiliencia estratégica »

El pasado 31 de julio, Ould Salek publicó un artículo titulado « Opción de la resistencia y la resiliencia estratégica », en el que reivindica la consigna histórica del Frente —según la cual « la guerra de liberación la garantizan las masas »— como expresión de una convicción popular saharaui forjada, según el autor, a lo largo de siglos de resistencia frente a distintos intentos de colonización.

En el texto, Ould Salek sostiene que Marruecos, pese a sus intentos de imponer lo que llama una « pretendida soberanía » sobre el territorio, no ha logrado doblegar la resistencia saharaui, y atribuye la normalización marroquí con Israel y la alianza militar y de seguridad con potencias extranjeras a un intento de sostener a la monarquía alauí ante lo que describe como el fracaso de su apuesta anexionista. Denuncia asimismo el respaldo internacional —citando expresamente a Israel, Francia, España y Emiratos Árabes Unidos, además de grupos de presión con influencia en la política estadounidense— como un frente hostil que, a su juicio, puede dificultar pero no impedir el ejercicio de la soberanía saharaui.

El dirigente saharaui concluye reafirmando que la única solución política legítima es aquella que permita al pueblo saharaui ejercer su derecho a la autodeterminación conforme a las resoluciones de Naciones Unidas 1541 (1960) y 2625 (1970), y sitúa al pueblo saharaui ante lo que denomina « el examen de la existencia », apelando a la unidad nacional y a la fidelidad a los mártires del Frente como base de lo que llama la « resiliencia estratégica ».

La réplica de Bachir Mustafa Sayed: « Discutir las propuestas de autonomía no significa que el pueblo saharaui las acepte »

Un día después, el 1 de agosto, Bachir Mustafa Sayed respondió con un artículo publicado por el medio Equipe Media, en el que, sin cuestionar el fondo del llamamiento a la resistencia y la unidad nacional, plantea reparos sobre lo que interpreta como un intento de deslindar responsabilidades por el rumbo del proceso negociador previo.

Sayed recuerda que Ould Salek ocupó durante años los cargos de consejero y ministro de Asuntos Exteriores, presidió la comisión de lucha jurídica contra el expolio de recursos naturales y estuvo directamente al frente del equipo negociador saharaui, y cuestiona qué sentido tiene, en ese contexto, hablar de « limpiar responsabilidades ». Según su análisis, lo revelado en el artículo de Ould Salek no aporta elementos nuevos respecto a lo que ya se conocía desde la aparición del borrador estadounidense previo a la resolución del Consejo de Seguridad, ni respecto a lo debatido en los contactos con Washington que, subraya, se pretendía mantener en reserva.

El punto central de su réplica es una advertencia: que la disposición del equipo negociador saharaui a discutir, bajo presión, las propuestas marroquíes y las posiciones estadounidenses como ideas planteadas en la búsqueda de salidas políticas es comprensible dentro de un proceso de negociación, pero que interpretar esa apertura como una aceptación por parte del pueblo saharaui de la autonomía sería, en sus palabras, una distorsión. Sayed insiste en que el pueblo saharaui no aceptará la liquidación de su causa ni la negación de su existencia, « aunque se pongan de acuerdo para ello adversarios y aliados, cercanos y lejanos ».

El artículo se enmarca, según recoge el propio medio, en el contexto de declaraciones atribuidas al ministro saharaui de Asuntos Exteriores, Mohamed Yeslem Beisat, quien habría señalado que la autonomía puede discutirse como una de las opciones sobre la mesa, pero no aceptarse como solución única y obligatoria, así como en lecturas políticas que atribuían tanto a Ould Salek como a Beisat una supuesta apertura hacia el plan de autonomía.

La segunda entrega de Ould Salek: « No hay negociación, solo diálogo »

El 2 de agosto, Ould Salek respondió a su vez con un nuevo artículo en el que reafirma que « el Estado saharaui independiente es la solución » y que la vía de la resistencia y la resiliencia estratégica es, a su juicio, el único camino para lograrlo.

En este segundo texto desarrolla lo que describe como los principios inamovibles de la doctrina política del Frente: la titularidad exclusiva del pueblo saharaui sobre el territorio, el reconocimiento internacional de sus fronteras y su derecho a defender su soberanía y su existencia como pueblo independiente. Sitúa el nacimiento de la lucha armada en 1973, la unidad nacional de 1975 y la proclamación de la RASD en 1976 como hitos fundacionales, y hace un repaso histórico del conflicto, desde el plan de arreglo de 1991 —tras dieciséis años de guerra— hasta la posición de Hasán II, quien en su momento aceptó la celebración de un referéndum de autodeterminación, pasando por lo que Ould Salek describe como sucesivos intentos marroquíes de disuadir al pueblo saharaui mediante la fuerza, la compra de voluntades y campañas de desinformación.

El núcleo de su respuesta a Sayed, no obstante, es una precisión terminológica: sostiene que, en sentido estricto, no existe actualmente un proceso de negociación, sino de diálogo. Enumera dos razones: la falta de voluntad negociadora por parte de Marruecos, que a su juicio se ha desentendido del acuerdo de paz de 1991, y la debilidad del mediador de la ONU, junto con lo que describe como la incapacidad del equipo estadounidense implicado en el proceso para distinguir entre la posición de su propio Gobierno —que considera claramente alineada con la tesis marroquí— y su papel como facilitador de un proceso que, subraya, debe basarse en la naturaleza jurídica del conflicto como un caso de descolonización pendiente de resolución mediante el ejercicio del derecho a la autodeterminación.

Según Ould Salek, en las tres rondas de diálogo mantenidas hasta la fecha cada parte ha expuesto y defendido su posición sin ceder terreno, y fue el hecho de que Marruecos y el mediador estadounidense —a su juicio— rompieran el compromiso inicial de confidencialidad, ofreciendo una interpretación que él considera errónea de la resolución 2797 del Consejo de Seguridad, lo que llevó a la parte saharaui a emitir mensajes oficiales de rechazo; ese contexto, señala, es el que motivó su primer artículo.

Concluye reafirmando lo que presenta como las líneas rojas de la posición saharaui: la ausencia de margen de negociación sobre la independencia y la soberanía nacionales, y la exigencia de que cualquier solución política pase por el ejercicio, por parte del pueblo saharaui, de su derecho a la autodeterminación.

Un debate que refleja tensiones más amplias

Más allá del tono cordial que ambos dirigentes mantienen entre sí —Sayed no cuestiona la legitimidad del llamamiento a la resistencia, y Ould Salek dedica su segundo artículo a precisar, más que a desmentir, los términos del debate—, el intercambio pone de manifiesto una discusión de fondo dentro de la dirección saharaui: cómo comunicar públicamente la disposición del equipo negociador a discutir propuestas —incluida la autonomía bajo soberanía marroquí, defendida por Rabat y respaldada en los últimos años por varios socios internacionales, entre ellos Estados Unidos, Francia y España— sin que ello sea interpretado, dentro o fuera del movimiento, como un cambio en la posición histórica del Frente Polisario a favor de la independencia y el referéndum de autodeterminación.

El debate se produce en un contexto de renovada presión diplomática internacional en torno al estatuto del Sáhara Occidental, con Marruecos reivindicando su plan de autonomía como « única base » de solución y el Frente Polisario y la RASD insistiendo en que cualquier salida política debe garantizar el ejercicio del derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui.

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