Sáhara Occidental: un via crucis pronto resuelto para los saharauis residentes en España

El Senado debería dar su visto bueno en octubre, con una entrada en vigor prevista para principios de 2027. España, que cuenta entre 3.500 y 12.000 saharauis en situación regular, podría regularizar así una página dolorosa de su pasado colonial en el Sáhara Occidental, respondiendo al mismo tiempo a un imperativo humanitario y práctico: la integración de poblaciones ya ancladas en el tejido social español.

Largo tiempo bloqueados por un embrollo administrativo vinculado a la no reconocimiento de su República, los saharauis residentes en España se beneficiarán pronto de un avance importante. Una nueva ley, votada en septiembre en el Congreso y después en el Senado, debería reducir a dos años el plazo de residencia requerido para obtener la nacionalidad española. Repaso a un calvario jurídico de casi una década y a la esperanza de una salida legislativa inédita.

Ocurría en 2014. Rafael Catalá, entonces nuevo ministro de Justicia, se atrevía a una confesión rara: para ciertos grupos, el acceso a la nacionalidad española equivalía a un «laberinto imposible». Apuntaba muy en particular a los saharauis instalados en España, a los que su predecesor Alberto Ruiz-Gallardón había abocado a un callejón sin salida administrativo.

Este laberinto se había materializado un año antes, cuando la Dirección General de los Registros y del Notariado dejó de reconocer los documentos procedentes de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), no reconocida por Madrid, a diferencia de los actos de Kosovo, a pesar de encontrarse en la misma situación. Sidi Talebbuia, presidente de la Asociación Profesional de Abogados Saharauis en España (APASE), deploraba entonces un «cambio de doctrina» brutal. «Los jóvenes llegados en el marco del programa “Vacaciones en paz”, que se quedaron con sus familias de acogida y residen aquí desde hace más de diez años, están hoy integrados, arraigados, pero se les niega la nacionalidad», explicaba.

Para estos candidatos a la nacionalidad española, solo quedaba una salida: convertirse primero en apátridas, un procedimiento opaco encomendado a la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) o a la policía, antes de reclamar la nacionalidad, un camino que podía alargarse entre cuatro y cinco años. «Un camino interminable», recalcaba Talebbuia, quien abogaba por una modificación del artículo 22 del Código Civil para equiparar a los saharauis con los portugueses, filipinos o sefardíes, elegibles tras dos años de residencia. El Sáhara Occidental, colonia española hasta 1975, merecía a su juicio este trato de favor.

En 2014, dos grupos parlamentarios —Izquierda Plural y Esquerra Republicana— habían intentado introducir enmiendas en este sentido en el proyecto de ley sobre los sefardíes, antes de retirarlas. Rafael Catalá se había mostrado compasivo, prometiendo un «canal» adaptado a los saharauis, sin llegar a incluirlos en el texto en curso. Una promesa que el abogado Talebbuia acogió con escepticismo: «Una promesa más, probablemente incumplida, como otras antes de ella».

Giro de guion legislativo (2026)

Casi doce años más tarde, la tendencia cambia. El Congreso de los Diputados debe aprobar el próximo mes de septiembre una ley específica, fruto de una iniciativa transpartidista, que reducirá a dos años de residencia legal el plazo exigido a los saharauis para solicitar la nacionalidad española, sin exigir la renuncia previa a su estatuto anterior ni el reconocimiento de la RASD. El texto, que será sometido al Senado de forma inmediata, prevé asimismo la rehabilitación de los documentos de estado civil emitidos por las autoridades saharauis, a reserva de un control de fiabilidad por parte del Ministerio de Justicia.

Este cambio responde a una doble presión: la de las asociaciones de defensa de los derechos humanos, que denunciaban desde hacía años una «apatridia forzosa», y la del contexto geopolítico, en un momento en que España busca reforzar su papel de mediador en el Sáhara Occidental. El texto, presentado como una medida de «reparación histórica», solo concierne a los saharauis que ya tienen un vínculo efectivo con España (trabajo, familia, alojamiento, escolarización) y excluye las llegadas recientes.

Sidi Talebbuia, contactado por nuestra redacción, saluda «una victoria arrancada con gran esfuerzo, pero que debe aplicarse sin frenos burocráticos». Las asociaciones de acogida, como CEAR, temen no obstante decretos de aplicación restrictivos. Mientras tanto, miles de jóvenes saharauis, nacidos o criados en España, ven por fin una salida al túnel, lejos del calvario de 2014, cuando se aconsejaba a los más desesperados convertirse en apátridas para albergar la esperanza de ser españoles.

El Senado debería dar su visto bueno en octubre, con una entrada en vigor prevista para principios de 2027. España, que cuenta entre 3.500 y 12.000 saharauis en situación regular, podría regularizar así una página dolorosa de su pasado colonial, respondiendo al mismo tiempo a un imperativo humanitario y práctico: la integración de poblaciones ya ancladas en el tejido social español.

La ley en breve

Objeto: Reducción a 2 años de residencia (frente a los 10 años del régimen general) para los saharauis.

Condiciones: Justificar una estancia ininterrumpida, vínculos familiares o profesionales, y un conocimiento básico del español.

Calendario: Votación en el Congreso en septiembre de 2026, en el Senado en octubre, y promulgación antes de finales de 2026.

Especificidad: Los documentos de la RASD serán admisibles previa verificación, sin que ello suponga un reconocimiento diplomático de la entidad.

El «laberinto imposible» de 2014 bien podría convertirse, en 2026, en un corredor legislativo balizado. Falta por saber si la administración española sabrá transformar esta promesa en una realidad tangible, libre de las lentitudes que durante tanto tiempo desesperaron a una comunidad en busca de identidad legal.

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