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por Nicolas Klein
Tras tres años de agudas tensiones provocadas por la posición española sobre el Sáhara Occidental, Madrid y Argel reactivaron su tratado de amistad en marzo de 2026, bajo el impulso de una mediación estadounidense decisiva.
La crisis energética mundial de 2026, consecutiva a los bombardeos en Irán y al bloqueo del estrecho de Ormuz, transformó el gas argelino en un activo estratégico indispensable para España.
A pesar de una espectacular reactivación económica y una cooperación en seguridad reforzada, la normalización sigue siendo frágil: el Sáhara Occidental, las migraciones y la dependencia energética siguen siendo fuentes latentes de tensión.
En la primavera de 2026, las relaciones entre España y Argelia experimentaron un giro importante después de aproximadamente tres años de agudas tensiones diplomáticas. Lejos de ser un simple retorno a la normalidad, esta reanudación del diálogo se inscribe en un contexto internacional profundamente deteriorado, marcado por una acelerada recomposición de los datos económicos y de seguridad. La guerra abierta que implica a Irán, Estados Unidos e Israel ha trastocado de hecho los flujos energéticos mundiales y ha vuelto a situar el Mediterráneo occidental en el centro de los desafíos estratégicos.
En este contexto, Madrid y Argel aparecen ahora unidos por una interdependencia pragmática, ya que España necesita el gas argelino para asegurar su suministro, mientras que Argelia busca consolidar sus salidas europeas y atraer inversiones tecnológicas. Esta convergencia de intereses ha permitido pasar la página de una crisis bilateral de excepcional magnitud.
Una larga historia caracterizada por herencias cruzadas
Las relaciones hispano-argelinas se inscriben en una profunda singularidad histórica. Entre 1505 y 1792, España controla varios puntos importantes en Orán, especialmente Mazalquivir y Orán (ciudad transformada en enclave cristiano duradero en la costa magrebí). Esta presencia, que dura casi tres siglos, no se limita a una dominación militar, pues estructura poderosamente los intercambios humanos y culturales entre las dos orillas del mar Mediterráneo.
La toma de Orán en 1509 por las tropas españolas del cardenal Francisco Jiménez de Cisneros inaugura un período de intensa fortificación con la construcción de una red defensiva que incluye los fuertes de Santa Cruz o San Gregorio. A pesar de la reconquista argelina en 1792, facilitada por un terremoto destructor ocurrido en 1790, los lazos nunca se rompen del todo. Así, en el siglo XIX, la instalación de miles de inmigrantes españoles en el oeste argelino contribuye a tejer relaciones humanas de largo plazo (aún perceptibles hoy) que luego alimentan la comunidad pied-noir en Francia.
2022-2024: la era del desencuentro
En una época más reciente, el equilibrio de las relaciones entre Madrid, Argel y Rabat explota en marzo de 2022, cuando el gobierno español del socialista Pedro Sánchez apoya el plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental. Esta decisión provoca una reacción inmediata de Argelia, que apoya el independentismo saharaui encarnado por el Frente Polisario: retirada del embajador en Madrid, suspensión del tratado de amistad firmado en 2002 y establecimiento de un casi bloqueo comercial.
Las consecuencias económicas de esta decisión son espectaculares.
Las exportaciones españolas a Argelia pasan de 2.900 millones de euros en 2019 a solo 332 millones de euros en 2023
Casi 9.000 empresas españolas se ven afectadas, especialmente en los sectores de la cerámica y la agroalimentación. Solo el gas escapa a esta lógica de confrontación, dado que Argel mantiene sus entregas a España a través del gasoducto Medgaz (que llega a Almería) para preservar su credibilidad como proveedor energético fiable.
Mediación estadounidense y retorno del diálogo en 2026
El deshielo bilateral se produce a principios de 2026 bajo el impulso decisivo de Estados Unidos. El 8 de febrero, una reunión organizada en Madrid da como resultado una hoja de ruta de 40 páginas sobre el Sáhara Occidental. Este documento prevé una autonomía regional supervisada bajo soberanía marroquí que incluye instituciones locales, un sistema fiscal propio y una organización de seguridad integrada.
Bajo presión diplomática y estratégica, Argelia acepta este marco, abriendo así la vía a una normalización en la zona. El 28 de marzo de 2026, el tratado de amistad hispano-argelino es oficialmente reactivado. Esta secuencia marca de hecho un giro importante, ya que Argel privilegia ahora la estabilidad regional y la cooperación económica, a pesar de una posición históricamente favorable al Frente Polisario.
El gas en el corazón de la nueva alianza
La crisis energética mundial de 2026, consecutiva a los bombardeos en Irán, juega además un papel determinante en este acercamiento. El bloqueo del estrecho de Ormuz paraliza efectivamente cerca del 17% de las exportaciones mundiales de gas natural licuado (GNL).
En este contexto, Argelia se impone como un socio ineludible, ya que proporciona ya el 42,5% del gas consumido en España. Incluso acepta aumentar los flujos del gasoducto Medgaz del 10% al 12,5%.
Seguridad y migraciones: una cooperación reforzada
Sin embargo, más allá de la energía, la cooperación en seguridad constituye un pilar esencial del acercamiento entre Madrid y Argel. Argelia es un socio crucial de Madrid en la lucha contra el terrorismo saheliano y, en 2025, su ejército neutraliza a 35 terroristas y detiene a más de 220 individuos vinculados a redes de apoyo yihadistas que preocupan al otro lado de los Pirineos.
En el plano migratorio, la situación sigue siendo preocupante.
Más de 3.000 migrantes pierden la vida en 2025 al intentar llegar a España desde África
Si las llegadas a Canarias (desde Marruecos, Mauritania y Senegal) disminuyen un 42%, la ruta del Mediterráneo occidental sigue activa, especialmente desde las costas argelinas. El desembarco de numerosos inmigrantes ilegales en Andalucía y Baleares puede dar fe de ello.
Es en este contexto que Argel lanza en enero de 2026 una iniciativa que busca normalizar en su legislación la situación de sus migrantes ilegales en Europa y fomentar su retorno voluntario a Argelia. Esta medida inédita reconoce implícitamente la existencia de motivaciones políticas en las salidas, al tiempo que regula estrictamente las condiciones de reintegración.
Una reactivación económica bajo condiciones
La eliminación de las restricciones comerciales bilaterales a finales de 2024 permite en todo caso una rápida recuperación de los intercambios. En 2025, las exportaciones españolas a Argelia progresan así un 162%, alcanzando casi 900 millones de euros en el primer semestre. Argelia vuelve a ser por consiguiente un mercado clave para las empresas españolas, especialmente en el ámbito de la cerámica. El volumen total de los intercambios podría acabar superando los 10.000 millones de dólares en 2026.
Sin embargo, Argel busca ahora imponer una lógica de mejora cualitativa y las exportaciones españolas se concentran cada vez más en equipos industriales y productos semielaborados, todo ello dentro de una estrategia de desarrollo local.
Desalación e hidrógeno: los nuevos horizontes industriales
Uno de los ejes principales de la cooperación económica hispano-argelina es hoy las infraestructuras hídricas y energéticas. Argelia ha emprendido un programa de desalación de mil millones de dólares para asegurar sus recursos hídricos, con un objetivo de 4.000 millones de metros cúbicos destinados a la agricultura. La experiencia española es movilizada en este marco para integrar las energías renovables en estas instalaciones.
Paralelamente, ambas naciones exploran el potencial del hidrógeno verde en una lógica de transición energética y de exportación hacia Europa. Esta colaboración tecnológica podría constituir un pilar duradero de su asociación.
Una normalización frágil y bajo alta vigilancia
Sin embargo, a pesar de tales avances, el equilibrio sigue siendo precario. La cuestión del Sáhara Occidental sigue siendo una fuente latente de desacuerdo y cualquier cuestionamiento de la hoja de ruta de 2026 podría reavivar los bloqueos comerciales.
Asimismo, la dependencia energética de España respecto a Argelia constituye una vulnerabilidad estratégica, especialmente en caso de mayor presión estadounidense o de reconfiguración de las alianzas en Oriente Próximo. Por último, la credibilidad de la iniciativa migratoria argelina será determinante para la estabilidad de la asociación, especialmente en relación con las exigencias europeas en materia de derechos humanos.
En definitiva, el eje Madrid-Argel encarna una forma de realismo geopolítico propio del mundo contemporáneo, ya que se trata de una asociación fundada menos en afinidades políticas que en imperativos vitales. En un entorno internacional inestable, esta relación podría convertirse en un pilar de la seguridad energética y estratégica en el Mediterráneo occidental… a condición de resistir las tensiones que siguen atravesándola.
Fuente : Conflits, 03/04/2026

