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A través del caso del Sáhara Occidental, el Consejo de Seguridad de la ONU parece transformar un conflicto enquistado en un precedente mayor, subraya un artículo de Just Security. Al validar discretamente el plan marroquí de autonomía, las grandes potencias están reescribiendo las reglas de la soberanía y la autodeterminación, con el riesgo de instaurar una gestión tripartita de esferas de influencia bajo el pretexto del pragmatismo.
Contexto: un conflicto antiguo, un giro reciente
El Sáhara Occidental, territorio no autónomo según la ONU, está en disputa desde 1975 entre Marruecos, que lo controla, y el Frente Polisario, que reclama la independencia. La Corte Internacional de Justicia (CIJ) siempre ha afirmado el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui. Sin embargo, desde 2020, se produce un giro geopolítico: Estados Unidos (bajo Trump y luego Biden), seguido por potencias europeas (España, Francia, Alemania, Reino Unido) e Israel, reconocen o apoyan cada vez más abiertamente la soberanía marroquí y su plan de autonomía.
El detonante: la resolución 2797 del Consejo de Seguridad
El 31 de octubre de 2025, el Consejo de Seguridad adopta la resolución 2797. Esta prorroga la misión MINURSO pero respalda explícitamente el plan marroquí de autonomía de 2007 como la única base para una solución. Esta resolución, apoyada por 11 miembros (incluyendo EE.UU., Francia, Reino Unido), marca una ruptura: por primera vez, la ONU valida un escenario que excluye la opción independentista, mientras que el derecho internacional reconoce al Sáhara Occidental como un territorio distinto y a su pueblo como titular del derecho a la autodeterminación.
Un análisis preocupante: la normalización de un nuevo modelo
El autor ve en esta resolución mucho más que un ajuste diplomático. Percibe en ella un cambio de paradigma sistémico:
- El fin del sistema westfaliano igualitario: El Consejo de Seguridad, garante teórico de la soberanía y la integridad territorial, se convierte en la herramienta de un « entendimiento tripartito emergente » (EE.UU., China, Rusia) para gestionar esferas de influencia. China y Rusia, al abstenerse, no opusieron su veto, facilitando este viraje.
- La corrosión de las normas imperativas (jus cogens): El derecho a la autodeterminación es una norma fundamental del derecho internacional. Al dejarla de lado en el caso del Sáhara Occidental, el Consejo crea un precedente peligroso que podría aplicarse a otros conflictos (Palestina, Ucrania, Taiwán…), transformando anexiones de facto en soluciones « realistas » validadas.
- Un regreso a los « repartos coloniales »: Se establece una analogía con la Conferencia de Berlín de 1884-1885, donde las potencias se repartieron África. Hoy, el lenguaje es diferente (autonomía, soluciones negociadas), pero el mecanismo recuerda a una lógica de protectorado moderno, donde las grandes potencias disponen del destino de los pueblos pequeños.
- El dilema de los Estados medianos y pequeños: Estos Estados, que dependen más de las reglas de soberanía para su protección, se ven tentados a intercambiar su apoyo diplomático por beneficios a corto plazo (acuerdos comerciales, apoyo militar). Pero a largo plazo, socavan los principios mismos que los protegen.
Perspectivas: ¿qué resistencia es posible?
El autor identifica una vía de resistencia, pero la considera frágil:
- Un « pacto de potencias medianas » (Estados de América Latina, África, Asia, y europeos no miembros permanentes) podría coordinarse para defender el derecho internacional frente al directorio de las grandes potencias.
- Otros órganos de la ONU (Asamblea General, CIJ) y los tribunales regionales podrían intentar contrarrestar esta deriva.
- Sin embargo, las divisiones y la búsqueda de intereses inmediatos hacen improbable una oposición firme.
Conclusión: Una advertencia para el orden internacional
El caso del Sáhara Occidental actúa como un « laboratorio » donde se prueba la redefinición de las reglas mundiales. El riesgo, según el análisis, es la instauración de un régimen internacional donde la fuerza y los acuerdos entre grandes potencias prevalecen sobre el derecho, bajo el barniz de las resoluciones de la ONU. Como resume la advertencia del embajador argelino citada al final: este precedente, si se replica en otros lugares, causaría « daños peligrosos a uno de los pilares principales del propio edificio del orden internacional ». El artículo hace sonar la alarma sobre la metamorfosis silenciosa de una institución clave, el Consejo de Seguridad, de guardián del derecho a gestor de la dominación.
Fuente : Just Security, 17/12/2025
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