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Las minas del Sáhara tienen appelido

Tengo que contároslo. Encontré a dos niños pequeños delante de la foto deAhmed Salem, víctima de una mina que le amputó las dos manos. Esta fue la conversación que mantenían los dos, absolutamente concentrados, con el impacto de haber visto previamente a Cheyaj Selma, que perdió las dos piernas en otra explosión.
– ¿Has visto? Le faltan las manos….
– Sí y al otro los pies…
– ¿Será que nacieron así?
– ¡¡Noooo, qué vaaaaaaaaaa!! Hay unas bombas que hacen eso… Son las “putas minas”…
Subida en aquél escenario, arropada por Yslem Hijo del Desierto y Sanez El Sama, las califiqué así. Estaba explicando a los asistentes que no me gusta llamar “Muro de la Vergüenza” al Muro Marroquí en el Sahara Occidental, porque así no se dice dónde está ni quién lo puso allí. Les hablaba de que detrás de esos 10 millones de minas y otros restos explosivos de guerra hay historias humanas, personas como tú y como yo, que aceptan el destino que para ellos reservó Allah y que viven con la rémora de saber que existe esa amenaza constante y que continúa en el desierto, a ambos lados del muro. Agradecía su confianza a las víctimas, por permitirnos denunciar esta barbarie con un enfoque humano, desde el dolor de la propia víctima, e invitaba a todos a acercarse a conocerlos a través de las fotografías de mi compañeroJoaquín Tornero. Decía que de la sensibilización surgen la prudencia para evitar nuevas víctimas y la reacción para desmantelar ese muro divisor que viola los derechos fundamentales del pueblo saharaui.
Y en algún minuto traté de explicar que son armas diseñadas no para matar, sino para causar el mayor daño posible sobre un cuerpo humano, que esperan cobardes y escondidas el momento idóneo para atacar, para mutilar o herir indiscriminadamente a civiles saharauis, 24 años después de terminar el conflicto armado contra Marruecos. “Yo las llamo putas minas”. Sí, eso dije, porque hace tiempo que les puse apellido y, cuando hablo de ellas, me enervo y exploto, porque se me juntan las ganas de gritar con la impotencia de ver que el mundo no escucha… Ese silencio que catapulta la amenaza vil y la convierte en la sentencia más cruel, mientras a mí se me revuelven por dentro mil sentimientos. Lo siento, pero es que yo soy así… Es un problema que tengo pendiente de resolver.
Estábamos en el Festival Sahara Colour Rice, en Campo (Huesca). En aquel momento, tocaba improvisar y salir de la denuncia argumentada para apelar directamente al sentimiento, ante un público estremecido que no tenía cuerpo para procesar más dolor y sufrimiento saharaui, tras escuchar la desgarradora charla “La jaima en la azotea”, de REDMAMSA y la UNMS,sobre la mujer saharaui, en la que se hizo especial hincapié en el sufrimiento de las que viven en territorios ocupados del Sahara Occidental. La crudeza de las imágenes de un vídeo de AFAPREDESA puso a todos el corazón en un puño y llenó de lágrimas los ojos incrédulos de muchos, que ni imaginaban lo inmensa que es la capacidad del ser humano de causar daño conscientemente a otro semejante. Allí también hay minas, allí también hay víctimas sin voz.
Yslem Hijo del Desierto y Sanez el Sama cantaron entonces su tema “Dales Voz a Las Víctimas” y continuaron a ritmo de hipo-hop hasta “El cambio”, toda una oda a la rebelión contra los poderes establecidos que grita desde las barricadas que ya es hora de que cese del sufrimiento saharaui y, como bien reivindicaron desde el escenario, el del pueblo palestino, que muere indefenso bajo misiles y bombas en racimo israelíes ante la pasividad internacional.
Si es que… ¿Cómo no se me va a calentar la boca?
©Elisa Pavón

http://dalesvozalasvictimas.wordpress.com/2014/07/14/las-minas-del-sahara-tienen-apellido/

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